viernes, 5 de junio de 2020

Mirar la casa, los objetos


Sofá

Acurrucada.
Tumbada.
Echada.
Sentada.
Sueños interminables,
Crueles realidades,
Sollozos silenciosos que son gritos silenciosos,
El recorrido vital se merma en él
Y desde él recibo el olor a fritada de verduras.
Las rabietas contra las somnolencias me despiertan a sobresaltos.
Desde él veo a unos animales peculiares sumergirse debajo de la alfombra,
Que me invitan a seguirles,
Me niego,
No soy esa que se muere viviendo,
Cómo te atreves a cuestionar mi dolor.
Innumerables conjuros pueblan mi frágil mente,
Piso el acelerador que lleva el control de mi vida,
la que soñé.
Simplemente sueños.

                 Raquel Sima 


Te puse yo misma
en ese rincón
en la estantería
el primer día
cuando las cajas estaban aún bien cerradas.
Allí te quedaste, silenciosa,
echaste raíces,
honda cesta guardadora de tesoros:
cuarzo rosa, pulsera de mi madre,
pulsera de mi hermana,
pulsera de mi otra hermana
     -no las pongo nunca-
caracola de mar,
cuerdas de cuero,
esta bolsita negra llena de collares viejos.

¿De dónde saliste tú?
¿A qué viniste,
honda cesta guardadora de tesoros?
               

                            Alicia Blanco



Relógio

Surge o tempo da velocidade voraz.
Lancinante, suga a existência.
Dias, se diluem em sons.
Noites, em horas brancas.

Minutos  desnudam insones o véu do tempo .
Tragam o ar, entontecem.
Espelho reflete  desalento .

Escuridão a  consumir vida.
Assombrar  caminhos. 
Desfazer  planos
Enfurecer a razão.

Horas  inquietas
Levam a lugar nenhum.
Preenchem-se do cintilar de estrelas.
Despedem-se no raiar do sol.

Escondidas,  aguardam.     
Sem trégua nem alforria.
O desmantelar da noite

O desvencilhar dos dias.

                  Karina Guerreiro de Sá



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